A Cormelá

Hay rehabilitaciones que buscan devolver una casa a lo que fue. MARXE hace algo distinto en esta: la escucha, conserva sus huellas y añade una nueva capa sin borrar las anteriores. En una de las últimas viviendas tradicionales marineras que permanecen intactas en su núcleo, el pasado se convierte en punto de partida para experimentar con otras formas de construir, habitar y cuidar.

El resultado nace de una mirada contemporánea, pero también de las manos de quienes la hicieron posible. Artesanos, industriales y nuevos constructores participan en un proceso donde la tradición y la tecnología dejan de ser mundos enfrentados para encontrar un territorio común.

Una vida nueva para una casa marinera

La vivienda parte de una arquitectura popular humilde, pero excepcional por su valor documental. Su conservación, además, estaba condicionada por la catalogación del inmueble, haciendo necesario encontrar un equilibrio delicado entre aquello que debía permanecer y todo lo que una casa contemporánea necesita para ser habitable.

La intervención no pretende congelar el edificio en el tiempo. Al contrario, busca revelar sus valores latentes y reforzarlos mediante una nueva capa arquitectónica capaz de mejorar sus condiciones de confort, salubridad y sostenibilidad. La preexistencia no se entiende como un límite, sino como una oportunidad. Conservar lo esencial y transformar aquello que puede seguir evolucionando.

Es una manera de intervenir sobre el patrimonio que huye tanto de la reproducción literal como de la ruptura. La casa continúa siendo reconocible porque aquello que define su identidad permanece, aunque ahora acompañado de soluciones que responden a las necesidades del presente.

Construir aprendiendo

Las circunstancias de la obra llevaron el proyecto hacia un territorio poco habitual: la autoconstrucción. Los propios promotores asumieron buena parte de la ejecución, acompañados por un grupo de artesanos e industriales locales que participaron en los momentos que requerían mayor especialización.

Así comenzó un proceso casi experimental, en el que construir se convirtió también en una forma de aprender. Algunos componentes pudieron prefabricarse en talleres próximos y llegar a la obra preparados para su montaje, mientras que los profesionales enseñaban a los nuevos constructores cómo resolver otros procesos directamente sobre el terreno.

La experiencia cuestiona una división que todavía persiste entre lo artesanal y lo industrial. Aquí ambos lenguajes colaboran. La precisión de la prefabricación convive con el conocimiento del oficio, las herramientas contemporáneas se ponen al servicio de técnicas próximas y materiales disponibles en el entorno. El resultado es una arquitectura construida desde la colaboración y el conocimiento compartido.

Para los arquitectos, además, el proceso abrió la posibilidad de ensayar soluciones que difícilmente encuentran espacio en obras convencionales. Sistemas constructivos, detalles y estrategias que pudieron probarse a pequeña escala y demostrar que lo sencillo también puede ser técnicamente solvente y económicamente viable.

El clima como material de proyecto

En una arquitectura tradicional atlántica, el confort no depende únicamente de mantener una temperatura determinada. La humedad se convierte en uno de los grandes desafíos. Por eso, buena parte de la estrategia de la vivienda permanece casi invisible: está en cómo respira.

El diseño higrotérmico favorece la transpirabilidad y apuesta por materiales capaces de contribuir al equilibrio natural de la vivienda. Un lucernario orientado al norte permite aprovechar los vientos más secos para favorecer la ventilación, mientras otros situados hacia el sur captan la luz y el calor, protegidos del exceso de soleamiento.

La masa de los muros aporta además inercia térmica, que se complementa puntualmente con una estufa de biomasa. No se trata de llenar la casa de tecnología, sino de utilizarla solo cuando es necesaria. Sensores y sistemas sencillos permiten monitorizar su comportamiento y ajustar las condiciones ambientales.

Al final, la verdadera innovación de esta casa quizá no esté en incorporar más recursos, sino en descubrir cuánto puede hacerse con los adecuados. Entre la memoria de una vivienda marinera y las necesidades de quienes la habitan hoy, el proyecto encuentra una respuesta hecha de materiales cercanos, conocimiento compartido y soluciones sencillas. Una casa que demuestra que construir el futuro también puede consistir en aprender a respirar con el pasado.


· Arquitectura: MARXE
· Fotografía: Luis Díaz Díaz
· Ubicación: Corme, A Coruña
· Año: 2025



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