En el rural gallego, donde las distancias y la dispersión dibujan una forma particular de habitar el territorio, reunirse también es una manera de permanecer -y pertenecer-. En Goiáns, una parroquia de Carballo sin centro social, la arquitectura propone un nuevo lugar en el que compartir. Un edificio de Nula.Studio que reúne bajo una misma cubierta aquello que da sentido a cualquier comunidad: las personas y sus historias.
La suma de muchas casas
Casi 500 vecinos forman la comunidad de Goiáns, una parroquia de tradición panadera que hasta ahora carecía de un espacio propio para el encuentro. Para participar en determinadas actividades colectivas, sus habitantes debían desplazarse hasta la capital municipal. En un territorio marcado por la dispersión de las viviendas y la pérdida progresiva de población, esta ausencia evidenciaba algo más que una carencia de equipamientos. Evidenciaba la falta de un lugar donde reconocerse como comunidad.
El nuevo centro social nace para responder a esa necesidad. Situado en un pequeño valle visible desde las tres carreteras próximas, el edificio asume una presencia reconocible en el paisaje. Su arquitectura no busca imponerse, sino convertirse en una referencia compartida, un punto de orientación física y simbólica para quienes habitan la parroquia.
La forma expresa esa voluntad desde su origen. El volumen se construye visualmente a partir de la suma de varias casas con cubiertas a dos aguas, cuyas siluetas evocan la imagen familiar de la vivienda tradicional gallega. Al reunirse, esas figuras individuales componen una única pieza arquitectónica. La operación trasciende lo formal para convertirse en una representación de la propia comunidad. Distintas identidades que encuentran un espacio común sin perder singularidad.
La tradición bajo una nueva cubierta
La arquitectura popular gallega proporciona las referencias para construir esta identidad. Los muros gruesos, las pequeñas aberturas y las cubiertas pronunciadas se reinterpretan desde un lenguaje contemporáneo, que recupera la rotundidad de las construcciones tradicionales sin reproducir literalmente sus formas.
Desde el exterior, el edificio se presenta como una pieza cerrada y contenida, de apariencia casi opaca. Sin embargo, al atravesar el umbral, la percepción cambia. Los patios, el porche cubierto que prolonga el salón de actos y una serie de aperturas estratégicamente dispuestas introducen luz natural en las distintas estancias. La arquitectura se abre hacia dentro y construye una sucesión de espacios donde la iluminación, las alturas y las relaciones visuales enriquecen la experiencia cotidiana.
Bajo esa composición se encuentra una solución estructural tan sencilla como expresiva: una cubierta de hormigón armado de apenas 20 cm de espesor, plegada sobre una planta cuadrada de 16 por 16 metros. Como una lámina de papel que adquiere rigidez al doblarse, la cubierta se sostiene apoyándose únicamente en sus dos extremos. El gesto estructural se convierte también en herramienta espacial: sus pliegues modifican las alturas y cualifican los diferentes usos sin fragmentar la unidad del conjunto.
Menos materia, más vida
El programa reúne un salón de actos, un espacio expositivo y una pequeña cocina, organizados para acoger reuniones vecinales, talleres, actividades culturales y celebraciones. La flexibilidad permite que el edificio se adapte a las necesidades de sus usuarios y que cada encuentro transforme temporalmente el espacio.
La voluntad de eficiencia se extiende a la elección de los acabados. La cubierta incorpora un proyectado impermeabilizante rojo en el exterior y aislamiento de lana de roca proyectado en el interior, dos soluciones que cumplen su función constructiva y permanecen visibles como terminación. Reducir la cantidad de material y simplificar las operaciones permite optimizar los recursos sin renunciar a una identidad arquitectónica propia.
El verdadero valor del centro social no se mide únicamente en metros cuadrados, hormigón o eficiencia constructiva. Su valor se encuentra en aquello que puede suceder entre sus paredes. Una conversación, una celebración, un taller o el simple gesto de reunirse sin tener que abandonar la parroquia.
En Goiáns, la arquitectura ocupa un vacío físico para intentar reparar otro menos visible. Porque, a veces, construir un lugar significa devolverle a una comunidad la oportunidad de encontrarse y seguir construyéndose a sí misma.
· Arquitectura: Nula.Studio
· Fotografía: Luis Díaz Díaz
· Ubicación: Xoane, A Coruña
· Año: 2025